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DOÑA BEATRIZ MARTINEZ DE JIMENEZ

 


                    1923-2024

ENTRE LAS FUNDADORAS DE DELICIAS CHIHUAHUA


Por Darío Ogaz-


Entre los fundadores de nuestra querida tierra se encuentra la señora Beatriz Martínez viuda de Jiménez, nacida el 23 de agosto de 1923 en Villa Unión, Durango. Ella llegó a Delicias en el año de 1933 cuando contaba con diez años de edad.

Llegó a la  tierra de los Vencedores del Desierto acompañada de su señora madre, doña Manuela Núñez Parada, solo con la idea de trabajar duro y forjarse un futuro en su nueva localidad que les arropó con cariño.

Desde un inicio la pequeña fundadora junto a su madre supieron del trabajo arduo en las pizcas de algodón conocido en esa época como el oro blanco que vino a traer progreso a la nueva población que crecía de manera rápida ante la llegada de nuevos soñadores.

Al convertirse en adolescente Beatriz manifestó su gusto por la costura y con los ahorros que obtuvo de su trabajo en las pizcas adquirió su primera maquina de cocer y con su creatividad remendaba las viejas prendas de familiares y vecinos, además de crear nuevas prendas que más tarde lucirían en fiestas y reuniones sus amigas, vecinas y familiares que buscaban sus servicios como costurera.


El matrimonio

En la nueva tierra que la adoptó como hija fundadora conoció a Ernesto Jiménez Rodríguez, un apuesto joven que la conquistó y la convirtió en su esposa.

De esta relación amorosa nacieron cuatro varones que a su vez también serían parte importante en la historia de la ciudad, siendo ellos: Arturo Ernesto, quien más tarde se convertiría en importante contador público.

Luego llegaría al nuevo matrimonio Enrique, quien mostró gusto por las ventas e hizo de este oficio su forma honesta de vivir.

El matrimonio se complementó con la llegada de José Luis y Manuel, quienes heredaron de su madre el gusto por la música, y mas tarde serían parte de importantes agrupaciones musicales que marcaron toda una época en Delicias, entre ellos: Los Tarahumara Brass y Clemente Torres y sus Rangers.


La Parcela

El nuevo matrimonio formado por Ernesto y Beatriz, en base al trabajo diario logró hacerse de una parcela de seis hectáreas en el ejido Loma de Pérez, convirtiéndose así en ejidatarios y productores de esta importante zona que más tarde se convertiría en uno de los polos agrícolas más importantes de la joven ciudad donde la mística del progreso se resumía en solo dos palabras: trabajo y perseverancia.

Poco a poco la parcela fue dando sus frutos y doña Beatriz y Enrique fueron invitados a formar parte de la Liga de Comunidades Agrarias y Sindicatos Campesinos del Estado de Chihuahua.

También fueron invitados a formar parte de la sociedad del establo Apache donde los nuevos agricultores unían esfuerzos para sacar adelante el nuevo proyecto que les permitió lograr un mejor nivel de vida y así cumplir sus metas y los sueños de sus hijos que crecían junto a la modernista ciudad que presumía ya de fabricar excelentes brandis, de contar con una plaza de toros donde se ofrecían variados espectáculos, de cines que proyectaban las películas del momento, y de bonitas ferias de la uva y del algodón que reunían a los orgullosos pobladores.  


La casa -1956-

Como toda familia requiere de un lugar donde establecer el hogar, doña Beatriz adquirió un terreno en la calle Primero de Mayo en colonia Loma de Pérez donde poco a poco construyeron el primer cuarto, luego el segundo… y así hasta dar forma a su casa deseada, misma que hoy se mantiene firme y majestuosa como el primer día.


La muerte del esposo

Fue en una disputa por el agua con un vecino donde lamentablemente Ernesto Jiménez perdiera la vida a los 33 años al recibir un fuerte golpe a orillas de su parcela, dejando en la horfandad a cuatro pequeños que debieron abrirse paso en la vida junto a su madre, que de manera valiente nunca se venció y se convirtió en una auténtica guerrera, siendo ejemplo para toda la dinastía que se extendería a cuatro hijos, ocho nietos y diecisiete bisnietos hasta el día de hoy.

Cabe mencionar que ante la ausencia del esposo Doña Beatriz y su madre Doña Manuela se dieron a la tarea de pizcar ellas solas cuatro hectáreas de algodón, poco a poco pero con muchas ganas de salir adelante ante la adversidad. 


La última ejidataria

Doña Beatriz Martínez de Jiménez se convertiría en última ejidataria original de Loma de Pérez, al fallecer a los cien años de edad, dejando un ejemplo vivo de trabajo y sobre todo de mucho amor, ya que ella se distinguió por su bondad, nobleza y atención al prójimo compartiendo el trozo de pan con vecinos y parientes cada vez que era necesario, dejando huella imborrable entre quienes tuvieron el gusto de conocerla.


La última morada

Doña Beatriz falleció el 31 de mayo de 2024, a los 101 años, sus restos reposan en el Panteón Municipal en el área 16, donde sus hijos plasmaron en su lapida bellos textos de agradecimiento por el ejemplo brindado de trabajo y superación.